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Vaya usted con Dios El Capítulo ha concluido, los Acuerdos han sido tomados, las Actas se han firmado, los capitulares vuelven a casa. “Alea iacta est…!” Es razonable creer que con el Capítulo se habrán colmado las aspiraciones de unos, las previsiones de otros, los cálculos de varios, la confianza y el respaldo de muchos. (No hay posada para la decepción ni para la ambición. ¡Lejos de nosotros!) En todo caso, como en la pedrea, la tentación contenida, y ciertamente desechada, será preguntar, como desahogo, “soto voce”: “¿Qué hay de lo mío?” Dios, Trino y Uno, que calla hasta muchísimo después de oír el lamento, la súplica y la alabanza, nos está esperando a todos en Galilea: “Allí veréis los suyos la gloria de la Pascua”. Éste que lo es, marinero en tierras de Rafael Alberti, se marcha a pescar, aunque no cobre nada y se pase la noche en vela. Espero que, con las claras del día, escuche la indicación de echar las redes en el caladero exacto. Mientras, acércame el pescado de las brasas, y vaya usted siempre con Dios. Fray Antonio Arévalo Sánchez |

El banco de niebla (o neblina) es tan castúo como el encinar, los pantanos, el pimentón verato o las cerezas del Jerte. Los azules no han brillado en los cielos de Guadalupe durante toda la semana, y hoy que Cáceres se prende en hoguera de San Jorge y la Virgen reina en la con-catedral de Santa María, el encapotado cielo se ha desparramado en hilachas por las plazuelas.